MANIFIESTO CIUDADANO

¡ACUERDO YA!

Manifiesto Ciudadano de principios y anhelos para la salvaguarda del proceso de negociación desde la sociedad civil colombiana

Colombia, Octubre 7 de 2016.

Nuestra única aspiración común es la de asegurar una movilización deliberativa, potente y constante para proteger el Acuerdo y con ello salvar vidas; paz a la calle.

  1. CREEMOS QUE ESTE ACUERDO INTENSIFICA LA DEMOCRACIA Y CONSTRUYE PAZ; SU CORAZÓN DEBE SEGUIR VIVO.

 Principio I. Las víctimas deben seguir siendo el centro del acuerdo. Reiteramos la importancia de mantener los principios de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.

 

  1. EL CESE AL FUEGO SE MANTIENE. LA VIDA DE TODOS LOS INVOLUCRADOS EN ESTE PROCESO DE NEGOCIACIÓN ES IMPORTANTE Y SE CUIDA.

Principio II.  El cese de hostilidades bilateral y definitivo debe continuar hasta que culmine la negociación en un nuevo acuerdo.

 

  1. LA MESA DE NEGOCIACION CONSERVA SU LEGITIMIDAD Y ESCUCHAMOS SU VOZ.

Principio III. Reconocemos las facultades constitucionales que tiene el Presidente para mantener las negociaciones hasta su feliz término. Reiteramos en consecuencia, la importancia de continuar con el equipo negociador designado por el Presidente a fin de mantener la confianza y el lenguaje común construido durante los últimos cuatros años, sin perjuicio de integrar nuevos miembros a la mesa.

 

  1. ESTA APUESTA ES CIUDADANA Y PURAMENTE CIUDADANA. EL LIDERAZGO ES DE TODAS Y TODOS, PRACTICAMENTE ANÓNIMO.

Principio IV. Ningún colombiano es mejor que otro. A partir del momento en que se conocieron y admitieron los resultados del plebiscito del 2 de octubre de 2016, dejaron de existir las campañas que tomaban postura por el Sí y el No. En adelante, sólo somos sociedad civil colombiana acompañando a la sociedad política en la negociación y haciendo veeduría sobre el proceso.

 

  1. ESTE ES EL MOMENTO DE LA SOCIEDAD CIVIL COLOMBIANA. VAMOS A SACARNOS DEL CONFLICTO.

Principio V.  La Constitución es lo que nos une y unifica como colombianos; reiteramos que lo único que está en discusión es la agenda de negociación para la terminación del conflicto armado.

 

Bienvenidas todas las ideas, propuestas e iniciativas.

 

 

 

 

 

 

 

Advertisements

Sobre la Sociedad Civil Colombiana y su Rol de Estabilizar y Facilitar el Proceso de Transición Institucional hacia el Fin del Conflicto Armado a cargo de la Sociedad Política.

Considerando que la teoría y práctica  de la Sociedad Civil Organizada es el eje de mi trabajo, aquí registro lo que, desde mi perspectiva y esfuerzos directos u organizacionales, observo como los intentos de despliegue y consolidación del rol de la sociedad civil en esta coyuntura. Los análisis ocasionales los haré en entradas separadas.


Viernes 7 de Octubre 

¡ACUERDO YA!

Manifiesto Ciudadano de principios y anhelos para la salvaguarda del proceso de negociación desde la sociedad civil colombiana

Nuestra única aspiración común es la de asegurar una movilización deliberativa, potente y constante para proteger el Acuerdo y con ello salvar vidas; paz a la calle.

 

  1. CREEMOS QUE ESTE ACUERDO INTENSIFICA LA DEMOCRACIA Y CONSTRUYE PAZ; SU CORAZÓN DEBE SEGUIR VIVO.

 

Principio I. Las víctimas deben seguir siendo el centro del acuerdo. Reiteramos la importancia de mantener los principios de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.

 

  1. EL CESE AL FUEGO SE MANTIENE. LA VIDA DE TODOS LOS INVOLUCRADOS EN ESTE PROCESO DE NEGOCIACIÓN ES IMPORTANTE Y SE CUIDA.

 

Principio II.  El cese de hostilidades bilateral y definitivo debe continuar hasta que culmine la negociación en un nuevo acuerdo.

 

  1. LA MESA DE NEGOCIACION CONSERVA SU LEGITIMIDAD Y ESCUCHAMOS SU VOZ.

 

Principio III. Reconocemos las facultades constitucionales que tiene el Presidente para mantener las negociaciones hasta su feliz término. Reiteramos en consecuencia, la importancia de continuar con el equipo negociador designado por el Presidente a fin de mantener la confianza y el lenguaje común construido durante los últimos cuatros años, sin perjuicio de integrar nuevos miembros a la mesa.

 

  1. ESTA APUESTA ES CIUDADANA Y PURAMENTE CIUDADANA. EL LIDERAZGO ES DE TODAS Y TODOS, PRACTICAMENTE ANÓNIMO.

 

Principio IV. Ningún colombiano es mejor que otro. A partir del momento en que se conocieron y admitieron los resultados del plebiscito del 2 de octubre de 2016, dejaron de existir las campañas que tomaban postura por el Sí y el No. En adelante, sólo somos sociedad civil colombiana acompañando a la sociedad política en la negociación y haciendo veeduría sobre el proceso.

 

  1. ESTE ES EL MOMENTO DE LA SOCIEDAD CIVIL COLOMBIANA. VAMOS A SACARNOS DEL CONFLICTO.

 

Principio V.  La Constitución es lo que nos une y unifica como colombianos; reiteramos que lo único que está en discusión es la agenda de negociación para la terminación del conflicto armado.

  

Bienvenidas todas las ideas, propuestas e iniciativas.

 

 

 


Jueves 6 de octubre

 

En el parkway de la soledad en Bogotá  varios miembros y lideres de organizaciones jóvenes acordaron una serie de posiciones y anhelos. Estos fueron combinados con los principios de empoderamiento ciudadano para sacarnos del conflicto.

 


 

 

“Acuerdo ya”, la consigna con la que marcha del silencio defendió proceso con Farc

 

 


En la noche del 5 de Octubre en varios lugares la sociedad civil del país salió a pedir que se superen las tensiones y no se compromete la posibilidad de dar terminación al conflicto armado con las FARC.  Ya al mediodía y en la tarde los lideres político habían hecho un acercamiento que abría el horizonte en ese sentido.

plaza-de-bolivar-sociedad-civil-colombiana-paz

 

 


 

3 Octubre – Reunión de Grupo de Ciudadanos en Bogotá Acuerdo Ya !

Sobre la base de la propuesta de la mesa plural y diversa y el empoderamiento ciudadano por principios entre otras muchas propuestas y deliberaciones de la  reunión del lunes 3 de octubre en el auditorio de la Revista Semana, se logró convenir una carta o comunicado que fue finalizada el 4 y ajustada el 5 de octubre.  2016 Acuerdo Ya: Manifiesto

Manifiesto Ciudadano: Acuerdo Ya !

Somos un grupo de ciudadanos provenientes de todo el país que coincidiendo en Bogotá y reunidos para discutir el futuro de nuestro país, luego de los resultados del plebiscito del acuerdo de paz y conscientes de que estamos en un momento histórico, comunicamos:

Colombia nunca ha estado tan cerca del fin del conflicto; no queremos que vuelva la guerra. El juicioso trabajo de la mesa de negociaciones ha arrojado unos logros innegables que ya muchos colombianos en todo el territorio nacional han empezado a aprovechar como oportunidades para dar un paso adelante en su vida y en nuestra historia. El pasado domingo más de 12 millones de colombianos votamos a favor de la paz, bien sea validando los acuerdos alcanzados hasta el momento entre el gobierno y las FARC, o bien clamando por la renegociación de puntos específicos para lograr un acuerdo que represente a todos los sectores de la sociedad.

Hoy, sin ninguna contienda electoral que nos enfrente, nos reúne la convicción de que ya no hay motivos para que sobre el suelo de nuestra hermosa tierra se derrame una sola gota de sangre por causa del conflicto armado. Creemos que esta corta ventana de oportunidad que se ha abierto con la disposición de todas las partes a la construcción de una terminación negociada del conflicto con las FARC puede ser el momento más decisivo para nuestra generación y que la sabiduría y el compromiso con el que seamos capaces de sortear este reto será el criterio bajo el cual nos juzgue la historia para siempre.

Invitamos a todos los colombianos, independientemente de su decisión del 2 de octubre, a que converjamos en torno a la convicción de que la negociación de los acuerdos es inminente y debe darse sobre la base de los siguientes principios iniciales que nos parecen fundamentales para el comienzo de esta iniciativa ciudadana:

  1. Las víctimas deben seguir siendo el centro del acuerdo. Reiteramos la importancia de mantener los principios de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.                                                                                                                                           
  2. El cese de hostilidades bilateral y definitivo debe continuar hasta que culmine la negociación en un nuevo acuerdo.                                                                                                             
  3. Reconocemos las facultades constitucionales que tiene el presidente para mantener las negociaciones hasta su feliz término.                                                                                
  4. Reiteramos la importancia de mantener el equipo negociador designado por el presidente para negociar con las FARC a fin de mantener la confianza y el lenguaje común construido durante los últimos cuatros años sin perjuicio de integrar nuevos miembros a la mesa.                                                                                                     
  5. Ningún colombiano es mejor que otro, a partir del momento en que se conocieron y admitieron los resultados del plebiscito dejan de existir las campañas que tomaban postura del sí y el no, confluimos como una única sociedad civil encargada de acompañar a la sociedad política en la negociación.                                             
  6. La Constitución es lo que nos une como colombianos y por tanto reiteramos que es lo único que está en discusión es la agenda de la negociación.

Mediante esta comunicación solicitamos a la sociedad política y a quienes aspiran a hacer parte de ella su compromiso para culminar prontamente la negociación de este acuerdo, y esperamos que la misma convoque a otras expresiones ciudadanas reunidas a lo largo y ancho del país que se vean aquí reflejadas.

Cordialmente,

Grupo de Ciudadanos reunidos en Bogotá

 

 


 

Domingo 2 Octubre

 

volume-icon-27 Urgencia de concentración y empoderamiento de la sociedad civil colombiana

 


 

20 de Septiembre

Sobre el Acuerdo de 297 páginas sujeto a refrendación popular :

civisol-si-pero-con

 

 


 

26 de abril de 2016 :

#SACARNOSDELCONFLICTO @civisol

La actual agenda del Gobierno Colombiano para firmar el fin del conflicto con las guerrillas de las FARC y el ELN, el sistema de justicia transicional previsto, y la estrategia para implementar la paz en el territorio se presentan en este evento con el propósito de reflexionar sobre el rol que, en este contexto, tiene la sociedad civil colombiana y especialmente aquella que está ya organizada. Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) son agentes de desarrollo en lo local y operan transformaciones en la dinámica social de una comunidad; de ahí la importancia de su liderazgo en el país para robustecer lo que es civil en la sociedad civil y salir del conflicto, desde abajo hacia arriba. Luego de las presentaciones temáticas el evento se abre a un intercambio de ideas y sugerencias entre el público. La contribución de participantes internacionales es especialmente bienvenida.

 

civisol-sacarnosdelconflicto-2  civisol-sacarnosdelconflicto-1 civisol-sacarnosdelconflicto-3  civisol-sacarnosdelconflicto-4 welcome-icsw-bogcivisol-sacarnosdelconflicto-5

 

Ver más sobre la iniciativa #SacarnosdelConflicto  aqui

Ni víctima ni combatiente pero una vida entera respirando guerra

Hoy es  miércoles 22 de junio de 2016.

Son las cuatro y un minuto de la tarde y mirando por la ventana del avión veo, debajo mio, las muchas y grandes montañas de mi país. Unas tienen un costado ajado, verde oscuro profundo, y el otro iluminado por el sol de la tarde que cae hoy, el último día de guerra de mi país.

Mientras las miro desde la altura, en la quietud y silencio del avión, alcanzo a reconocer que traigo por dentro un caleidoscopio de emociones que me pasa rápidamente de la incredulidad a la dicha, de la ilusión a la incertidumbre, luego aparecen visos de miedo, finalmente se me fija en vetas de rabia que terminan por estallar en puntos de ilusión.Y vuelvo a empezar. De la incredulidad a la dicha, y así sucesivamente. Sé que, racionalmente, he estado alineada con la necesidad de ponerle fin al conflicto -regresé de Brasil a Colombia en plena fiesta del mundial hace unos años sólo para votar por un Presidente que me prometía luz al final del túnel- pero ahora, emocionalmente hablando, reconozco que no tengo la claridad que quisiera.

Las montañas de mi tierra que contemplo con cariño y detenimiento desde el avión, van haciendo emerger en mí el recuerdo del miedo que le he tenido siempre a las montañas en la noche. Terrenos inclinados de follaje húmedo, entresombras de árboles y lianas, sonidos de quebradas, insectos de monte y pájaros de noche que, en mi país, y desde que tengo uso de razón, siento que llevan también el susurro de miles de hombres en botas, armados y escondidos en la oscuridad.

Desde muy niña aprendí que por la montaña baja la guerrilla.

Mi temor original en las noches de montaña del Cauca y del Valle del Cauca se llenaron primero, en mi infancia, de las historias mitológicas de mis amiguitos del campo que en las noches de finca me contaban sobre cómo, entre pinos, riachuelos y cafetales, se paseaba oronda la madre monte, el coco, la pata sola, cabalgaba el jinete sin cabeza, el duende trenzaba las crines de los caballos y se lamentaba la llorona. A estos miedos nocturnos se le vinieron a sumar después, los relatos de las huellas de botas del M19, de las FARC, del EPL, del Quintín Lame y del ELN. Guerrilla de carne y hueso enfundada en botas de pantano y vestidos de camuflaje militar buscando a quien reclutar, secuestrar o matar. Años después, ya en mi juventud y estando en otras montañas, en las de la sierra caribe de mi tierra colombiana, al miedo de los personajes del monte en la noche, vinieron a sumársele, además, los inclementes paramilitares ,las AUC o cualquier otro bloque paramilitar patrullando la zona cerca a nuestra cabaña, cerca al mar.

Así pues que crecí pensando que la ciudad, a pesar de las eventuales bombas y balaceras, era más segura. Porque en el campo, cualquier ruido cercano a la finca o la cabaña significaba la cercanía de ejércitos irregulares instalados o instalándose en la zona. Recuerdo bien como mi corazón se aceleraba con igual intensidad a la del latido frenético de los perros en la noche, y como me quedaba siempre con la mirada fija en la rendija que separa la puerta del cuarto del piso. Sin parpadear, trataba de anticipar la presencia de botas detrás de la puerta, anuncio inminente que hombres armados .. “se entraron” y están ya afuera de tu cuarto. No sé por qué tenía esa reacción tan idiota, tal vez creía poder ganar un par de segundos de ventaja para vestirme, para inventarme una historia que los conmoviera, para correr.

Como se ven de tranquilas las montañas colombianas desde el avión

La verdad es que a mí las montañas colombianas no me dan miedo durante el día. Puede ser que aprendí a perderles el miedo de lunes a viernes, en días hábiles de semana y bajo el sol brillante de Cali, inmersa en la cotidianidad de un colegio situado en las faldas de una cordillera. En bachillerato siempre estuvo rondando la amenaza de que la guerrilla bajaría algún día a tomarse el colegio. Tres timbres largos de recreo daban la señal de evacuación y afortunadamente resultaron ser siempre un simulacro para mantenernos preparados y organizados ante la eventualidad de su llegada. Claro que años después hubo un infame secuestro de una niña de mi colegio, pero como tal, la toma del colegio entero nunca se dio. Siempre pensé que en el fondo nunca pasaría nada porque… era de día… y porque creía imposible que un ex-alumno de otro colegio fuera a tomarse por las armas su colegio o el mío así fuera un gran comandante guerrillero. Su mamá, Mrs. Pizarro, profesora en el mío -estaba segura- no se lo permitiría tampoco. Tantas cosas bobas que se piensan cuando se es joven y vives una paz artificial rodeada de guerra…

En todos estos años de sociedad civil atrapada en guerra, creo lo que más me ha costado trabajo entender, lo que nunca he podido concebir bien es cómo fue que llegamos a odiarnos tanto entre colombianos, entre gente que está, en todo caso, condenada a vivir junta en este mismo pedazo de tierra. Odiarnos tanto como para no conversar, para no poder vernos, negarnos, no tolerarnos, matarnos. Odiarnos a muerte, detestarnos sin siquiera conocernos y sin que medie una invasión de extranjeros ni nada remotamente parecido. Esto me recuerda al escritor Celine quien, a través de su personaje Bardamu, joven soldado alistado en Francia para combatir en la gran guerra del 14 reflexionaba sobre cómo, desde su infancia, le enseñaron siempre a no pelear, a no matar, a no odiar. Hasta ese buen día que le dieron la orden de ir a pelear, de ir a matar, de odiar a gente que él no entendía porque tenía que eliminar, gente que personalmente no le había hecho nada, gente que él mismo ni siquiera conocía.

Hoy es el último día de la guerra en Colombia. Dice la prensa, que la guerra que se paseaba entre sus montañas, de noche y de día, hoy termina.

Que alegría, creo. No, sí, que alegría me da saber que este conflicto armado solo me rodeó, que no viví la guerra ni directa, ni indirectamente, que solo estuve en medio de ella, nací y crecí en un país de bala pero con el lujo de estar a salvo. La guerra no se llevó a nadie de mi familia, no hubo secuestro, ni víctimas mortales… no queda ya ni un metro de tierra en el Cauca, ni el asomo de finca donde crecí montando columpio y caballos porque vendimos, porque nos fuimos, porque no volvimos…pero nada grave nos pasó. Oficialmente, hoy cesó el conflicto con las Farc.. Habrá guerritas, combates, retaliaciones y ataques imagino, sin duda se avecinan muchas dificultades, pero la grande, la gran guerra central de raíz, la de medio siglo de odios y montañas ajadas por botas de izquierda y de derecha, de tierras surcadas por ríos flotando con muertos y agujereadas por fosas comunes, hoy terminó. Hoy se firmó el cese a las balas en mi patria. Ya miles de paras aceptaron desmovilizarse bajo el gobierno de Uribe hace cinco años, y ahora hacen lo propio miles de guerrilleros de las Farc bajo el gobierno de Santos. ¿Es verdad? ¡Increíble! Esto es increíble… hoy puedo decir que de lado a lado…de derecha a izquierda… la guerra terminó.

Sigo mirando las montañas bajo mis pies. Desde el avión mi país se ve tan homogéneo, tan parejo y sereno como el fondo de un acuario donde todo está en su sitio. No puedo creer. Es verdad, la guerra acabó. Finalmente logro instalarme una gran dicha en el alma. Que bonitos se ven los riachuelitos que bajan por las enormes montañas colombianas, que gran cantidad de árboles y nubes… cuanto agradecimiento por estar viva, por no haber sufrido la guerra, saber que los míos están libres, enteros…que sé cómo encontrarlos, adónde puedo llamarlos, que no están muertos, que no están desaparecidos…

Y ahí está. Se me descuelgan dos grandes lágrimas que no vi venir sino cuando llegaron acompañadas de una gran ola de tristeza que me invade por los otros. Por las miles y miles de víctimas que trituró la guerra colombiana y de compasión por quienes aun siguen buscando sus desaparecidos en el monte, por los que se murieron sin poder decirse adiós en medio del pánico o el olvido. Son dos grandes lágrimas, lentas y pesadas. Nostalgia, por el país que pudo ser y no fue. Pesar profundo por una Colombia civilizada y decente que se nos escurrió por entre los dedos durante cincuenta años en este imperio de odiadores profesionales que nos volvimos por hábito y cultura. Odiadores que, además, esquizofrénicamente se celebran como los más felices del mundo. Los más desconectados será. Es imposible ser humanamente feliz, conscientemente dichoso en medio de tanta desgracia y desviación, entre tantas facciones de colombianos persuadidos de la necesidad imperiosa de matarse entre sí sólo para resolver conflictos y avanzar ambiciones. Tales han sido los faros de nuestro destino, gente que sólo nos propone odiar.

Cuanta nostalgia por esta pobre sociedad civil colombiana que se quedó ahí parada, estática, sola y muda en la mitad de un fuego cruzado a tres bandas entre Estado, Guerrilla y Paras. Una sociedad civil joven, de una nación naciente que no supo crecerse y poner orden en su casa sino repartir odios y afectos entre todos los tres lados que disparaban balas. Mi pobre tierrita de gente sencilla que desayuna con chocolate y baila siempre que puede. Somos gente buena de una sociedad civil perdida entre negocios de odio y políticas de sangre. Cómo nos fue de mal en este coletazo de guerra fría que con los años se nos enredó hasta convertírsenos en macro criminalidad y crimen transnacional. Arista de un conflicto ideológico ajeno que se nos instaló antes de que nos hubiéramos amalgamado como nación, antes de que nos hubiéramos creído y querido como un solo pueblo. Luchas a muerte por rapiña de tierras, partidos y clubes armados y desarmados, intelectuales heridos en el monte y en la facultad, cultivos de coca escondidos y corredores de droga hasta nuestros océanos para facilitar el despacho de kilos y kilos de polvo de hoja de coca marinada en amoniaco hacia el exterior. Allá adonde miles, millones de narices indolentes, pase tras pase de coca, contribuyen a sacrificar el destino de mi país por el goce de su adicción.

Tengo nostalgia de la vida que se fue, de la gente colombiana que pudo vivir y murió encaletada, secuestrada, extorsionada, infantilmente reclutada, forzada a no amar en la selva, a sacrificar bebes de amores guerrilleros, campesinos arrancados a la tierra, hijos de campesinos e indígenas arrancados de sus hogares por la guerra, pandillas urbanas echándose bala por razones de coca y selva… Tantos ataúdes. Tantos buses quemados. El miedo sempiterno a coger carretera, a que no te coja la noche, la necesidad de salir bien madrugados y rezar porque no aparezca un retén a la vuelta de cualquier curva. Eso es. Ya sé que puedo concluir: siento nostalgia, ´profunda nostalgia y rabia por lo que podría haber sido una vida entera -mi vida entera- sin ver noticieros destilando sangre y hostilidad noche tras noche, sin pasar página tras página de reportes y opinión sobre defraudación, sobre corrupción, llenos de odio y muerte durante toda una vida; durante toda mi vida.

El avión vuela como si estuviéramos planeando… todo se ve todo tan claro y detallado desde la ventana, cada casita, las parcelas demarcadas, los cultivos… pareciera que no hay gente allá abajo, es como si no hubiera colombianos en Colombia, cuanta calma…Creo comprender mejor que es lo que tengo adentro. Llevo 40 años de vida cargando un miedo chiquitico, muy sutil, invisible, que sólo ahora que me dicen que la guerra se acabó, logro identificar como entre disimulado, atravesado y contenido -camuflado también- entre pecho y espalda. Ahora entiendo que llevo cuarenta años sosteniendo -emocionalmente- día tras día, la respiración. Día tras día. Toda mi vida. Inconscientemente esperando a que cada día, no pase nada. Que no me pase nada. Que no nos pase nada. Que no te secuestren, que no te vuelen en el avión en que viajas, que no explote una bomba en el club por el que pasas, que no te extorsionen, que no te cobren una opinión que parezca muy de derecha, que lo que digas no vaya a parecer muy de izquierda; que todos los tuyos vuelvan a casa. Llevo cuarenta años sosteniendo un poco –levemente- la respiración. Toda la vida esperando a que no me pase nada, que no nos pase nada, porque lo normal, en medio de una guerra sostenida tanto tiempo, es que te pase algo.

Que dicha! Bravo! Ya no hay peligro, o el peligro se va a bajar a niveles de país normal, o más o menos normal, se va a bajar en todo caso. Que emoción, ahora con este anuncio del cese de hostilidades siento que puedo llenarme de felicidad, que desde hoy puedo respirar tranquilamente, profundamente -por primera vez en mi vida- a pulmón entero, como si viviéra en paz. Increíble. Que dicha….

¿Y ya? ¿Esto es todo? ¿Sólo esto? Tanto odio sostenido entre colombianos por décadas para venir a terminar en la foto de un apretón de manos en el periódico de hoy y yo poder respirar en paz. ¿Eso era todo? ¿Ya está? ¿Fin de ser archienemigos de medio siglo? Tanto miedo vivido en las entrañas de este país fue a concluir en un evento internacional lejos de casa, un evento al que concurrió toda la sociedad política mientras que los de la sociedad civil veíamos desde lejos el fin del viejo conflicto que nos atravesó por décadas. Cuánto quisiera poder hacer algo en casa, humano, compasivo, civil, silencioso, modesto, plural, doméstico y simbólico. Algo como un funeral, el funeral a nuestra propia guerra. Solo espero que si efectivamente se logra el acuerdo final en unos meses, la sociedad política y la sociedad industrial de estas tierras nos den algo de espacio a los comunes, a la sociedad civil de verdad-verdad. Esa que integra gente con ilusiones provenientes de colegios, casas y oficinas, colombianos de todas las calles y las más sencillas aldeas; una sociedad humana y civil que necesita poder ocuparse de darle fin a esta guerra desde el fondo de su corazón.

Que enorme fracaso ha sido este largo túnel de sangre y odio por cincuenta años para salir a encontrarnos con un país exactamente igual al de hace medio siglo. Cinco décadas de guerra abierta y bala… ¿para qué? ¿Qué cambió? ¿Qué se logró? ¿Menos corrupción? ¿Más equidad? ¿Más cohesión? ¿Menos segregación? ¿Más justicia? ¿Menos violencia? ¿Más Integridad?.. 50 años de nada. Mentira, no es nostalgia lo que siento, tampoco dicha, ya sé…tengo rabia. Eso es, rabia de pensar cómo habría sido vivir la vida sin miedo a paras, guerrilla, traquetos y corruptos. Vivir sin la guerra respirándote al cuello, ni teniendo que cargar la tristeza diaria de la tragedia de los otros, la desazón constante de estar vivo cuando otros están muriendo, la vergüenza de una colombianidad enfrentada por todo y desde siempre, pegada sobre la piel. Este último día de la guerra nos deja un país igual de injusto e inequitativo, cerros de muertos, y rollos y rollos de cintas forenses ya en inventario de medicina legal. Seguro que esta nostalgia que siento ante el anuncio de paz tiene nombre, debe ser como una depresión postparto nacional, una nostalgia de armisticio reservada para los que, vivos e incólumes como yo, se alegran de la vida propia inmersos en la gran tristeza de la inexorable estupidez humana… Terminó hoy la gran guerra de macondo… y ahí queda su sociedad civil, descalza y confundida, parada en la mitad de la gallera, sobre un piso seco y polvoriento rodeada de ataúdes y gallos muertos tratando de ponerse feliz.

Me gustan los vuelos bajos y panorámicos que se prestan a la contemplación. Allá abajo en esas montañas, desde hoy habrá silencio de botas. De derecha a izquierda harán silencio todas las botas, las miles de botas que surcaban, custodiaban, patrullaban, ensangrentaban las montañas de Colombia. Y respiro nuevamente, como quien se libera de la guerra por primera vez en su vida. Se ve ya el altiplano de la cordillera, la sabana amplia y plana de Bogotá, perfecta para aterrizar.

Un pie al suelo y siento verdaderamente un aire nuevo y fresco al descender y empezar a caminar por el aeropuerto. Es claro que terminó la travesía y entonces me doy permiso para ser oficialmente feliz con la noticia del último día de la guerra. Busco la mirada de los otros para ver si cargan emociones iguales por dentro, si hoy, como yo, han querido dejar para mañana las preocupaciones y desafíos que se nos avecinan. Ya podremos, pienso, empezar poco a poco a ocuparnos de todos de los problemas de los que se ocupa todo el mundo, del hambre, del crimen, de la injusticia y de la corrupción, pero podremos hacerlo ya sin el cerco acechante de la guerra… o de gran parte de la guerra, o al menos de la mitad de la guerra, está bien, solo de un cuarto de la guerra, ok, solo de los mayores frentes y bloques de guerra… lo que sea.. pero que esta negociación nos traiga algo más de tranquilidad, un poco menos de tristeza.

Arranco a caminar orgullosa y feliz como colombiana nueva. Ando por la terminal persuadida en la idiota ilusión de que se avecina un mundo mejor, ilusión a la que tenemos derecho todos los que aún seguimos vivos y sonrío. Y, ahí súbitamente, me doy cuenta de que en realidad no sonrió sino que me rio de esta paradoja, del chiste que es concluir que, luego de tanto odio y bala, nadie venció, nadie claudicó, ningún lado ganó. Qué maravilla de lección. “Querido mundo: queremos anunciarles que en el muy temible país de Colombia la bala no ganó, en realidad el amanecer que se nos anuncia ahora nos salió del alma, imagínense que se forjó en el dialogo, palabra a palabra, en la más simple de las dimensiones humanas”. Increíble. Tanta lora, tanto discurso de exterminio, tanto odio, violencia y dolor lo acabó una larga y profunda conversación entre opuestos. Charlas perseverantes de gente que apenas si se conocía pero que tenía que empezarse a conocer para poder encontrar soluciones de cómo convivir juntos dentro del mismo tiempo y espacio. Que gran triunfo para la humanidad, y más para esta civilización nuestra que cree poder definirse y decidirse por likes sociales, drones de guerra y selfies de canto a uno mismo. Que divertido será contar que todo se resolvió con una larga y cuidadosa conversación entre personas y cuatro años de paciencia; la paciencia necesaria para las grandes cosas. Y rematar todo ese cuento, que habremos de narrar en el futuro, anotando que toda esa inteligencia, que toda esa paciencia fue sólo de colombianos pensando en otros colombianos.

Ahora oscurece y va terminando el que fuera el último día de la guerra en Colombia. Empieza a hacerse el silencio entre las botas que surcaban y vigilaban mis montañas colombianas, las noches hoy vuelven a ser de la madre monte y empieza ahora nuestra primera noche de paz..¿Noche de paz? ¿Colombia cual villancico vuelto realidad? No, tampoco. Cúal “paz” si es que ahí nos quedan el 98% de los problemas de siempre, de impunidad, de ilegalidad, segregación, compadrismo, corrupción, incompetencia y clientelismo, bandas criminales y multinacionales de narcóticos. No, no. Noche de paz no, villancico no. ¿Noche de asomo de paz? no, tampoco. ¿Noche de la paz como anhelo? Si.. Eso sí. .. La paz como anhelo. Como problematización diaria de todos los días, como interrogante servido en la mesa de millones de familias habituadas por décadas a convivir con la discordia, a asfixiar charlas incomodas, a silenciar la controversia. Que Colombia empiece a conversar en casas, oficinas y colegios, que siga conversando, que busque las conversaciones más difíciles y las aguante, que no suban las ventanas, que no se cierren las puertas, que logremos muchas conversaciones de esas que molestan, incomodan y hacen hervir la sangre pero sin terminar por pararse, por irse, por largarse, por enfundar la pistola… esa es la paz que entiendo, esa es toda la paz que anhelo. Charlar y charlar para no volvernos a matar, conversar hasta poder empezarnos a respetar así nunca seamos amigos.

Caminando por este largo pasillo de aeropuerto y a la par de otros colombianos que van caminando al lado mio, pienso que tal vez tuvimos que vivir todo esto. Caernos tanto, caernos tan duro, fracturarnos, reventarnos hasta tener que empezar a recoger los pedazos para volvernos a armar, tratar de vivir juntos sin matarnos, tener un proyecto de nación…. lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado dice un poema .. Tal vez nos tocó caernos para poder tratar de levantarnos cohesionados, arrancar desde el piso.

Posiblemente ahora que dejaremos de estar abrumados, extenuados de izquierdas y derechas, agotados de mamertos y gomelos, de rencillas entre grandes populistas y grandes inversionistas, libres de guerras frias y añejas, podremos empezar, finalmente, a encontrar el centro de nuestra nación, al despertar de la sociedad civil.

Salgo del aeropuerto, buscó con la mirada el cerro de Monserrate bajo el que estudié derecho años atrás y camino con ilusión hacia la calle. Sentada en el taxi, miró al conductor y comprendo qué es lo que va a pasar en esta primera noche del cese de hostilidades en mi país. No es una noche de paz, no. Hoy es la noche de nuestro primer anhelo común de paz. Desde el taxista y yo en la capital, los de la selva del pacifico y del sur y hasta los de las playas del norte, todos los colombianos vamos a irnos a dormir un poco más tranquilos. Esta noche, y bajo la inmensa oscuridad, vamos a compartir mejor las estrellas. Y celebro. Con la dicha de una niña chiquita que siente que un gran problema quedó atrás, y con la lucidez de una mujer adulta que sabe que grandes problemas se avecinan. Pero celebro en todo caso, porque ya entendí que con el fin de la guerra lo que puedo hacer es imaginar.

Imaginar un país mejor. Imaginar una colombianidad más civilizada y fraterna. Imaginar que una fuerza de tolerancia nos va a permitir ocuparnos de nuestros problemas sin cargar con una guerra a cuestas. Imaginar que, a pesar de enorme tensiones y diferencias, somos ya una sola nación. Que podemos creernos y querernos como un solo pueblo.

Imaginar ese es el lujo, esa es la victoria. Poder volver a imaginar, de eso se trata el fin de la guerra.

Mañana vuelvo a empezar.

*Para Humberto De La Calle y Sergio Jaramillo; el poeta y filosofo que disfrazados de abogado y consultor en una mesa de negociaciones para el fin del conflicto armado nos cargaron y llevaron hasta el otro lado de la pesadilla.

Este muy político momento del derecho

Uno teme lo que no entiende y 297 páginas de acuerdos jurídicos negociados por otros y sellados con quien ha sido tu archienemigo por cincuenta años, sí que producen suspicacia.

No es un texto narrativo ni descriptivo así su tono y extensión lo parezcan. Es un compromiso jurídico entre dos partes enfrentadas por cincuenta años de bala y sangre. Medio siglo de odio entre quienes trataron de reversar al Estado y quienes desde el Estado trataron de exterminarlos. Cada una de las palabras ahí puestas en 297 páginas tiene un alcance deliberado y calibrado.

Y aunque el derecho es una disciplina que corre sobre lenguaje común y corriente de manera que pueda informar a todos sobre las reglas de juego que orientan y gobiernan a su sociedad, es decir,  informar sobre las conductas prohibidas y  anheladas dentro de una comunidad dada, hablar español no es lo mismo que hablar derecho.

El derecho no es un asunto de ajustar contratos y ganar casos, esa es apenas una manifestación de su práctica del derecho como oficio.Derecho es lo que resulta del largo proceso que destila lo prohibido y lo anhelado por una comunidad humana a lo largo del tiempo y luego lo cristaliza en reglas aplicables para todos.

Piénsese que tomó más de 4500 años forjar la idea que la mujeres pudieran tomar decisiones en la arena publica de su ciudad y no sólo dentro del ámbito doméstico de su casa; hoy el ya admitido derecho al voto femenino. Otro tanto tomo cristalizar la idea de que la gente con otra pigmentación en su piel tuviera derecho a la igualdad de trato en su dignidad humana y a no ser tratados, comprados y vendidos, como ganado o cosas. O, un ejemplo más reciente, el cambio destilado que empezó a permitir que, en comunidad, dos seres humanos del mismo sexo puedan formalmente declarar su amor y voluntad de vivir y morir juntos como pareja, derecho que progresivamente se ha ido volviendo ley en varios países.

Si la destilación del cambio en la consciencia colectiva se demora lustros en filtrarse a través de la roca dura de la realidad del hábito y la costumbre de lo conocido y familiar, demorado y difícil es también recoger ese cambio hasta cristalizarlo como una nueva una realidad jurídica aplicable y exigible a todos en un territorio, convertirlo en su ley.

Ese proceso de cristalización o formación de la norma jurídica es usualmente el momento más político del derecho, ese cambio anhelado que queda bajo  la tensión que  ejercen fuerzas opuestas entre sí; los que están a favor del cambio y los que  quieren detenerlo.  Difícil es también sostener el cambio admitido como ley en el tiempo, ver a la norma legal ganando tracción en el terreno, recalcular o corregir el rumbo de la realidad.

Un tramo de recorrido que pasa por largos reveses y profundizaciones, ajustes impulsados por implementación, argumentación y litigio y que resultan en reformas y órdenes judiciales que van exigiéndole a lo ideal ajustarse a lo real, encajando el cambio ya admitido a la dinámica diaria de la comunidad.

Será que la sociedad civil colombiana  está lista para  superar tanta rabia y dolor y luego de tantos diálogos de paz y mesas de negociación admitir la nueva  realidad que se  propone en esas 297 páginas?

La Sociedad Civil Colombiana…común y corriente

En esta coyuntura  histórica de transición quienes tienen un papel  protagónico y han estado representando, merecida y legítimamente, a la sociedad civil colombiana son las victimas y victimarios de este largo y extenuante conflicto. Pero, y  los que no fuimos tocados por ataques, balas y secuestro ¿ qué tan relevantes somos en esta coyuntura ?

¿Qué tanta relevancia tiene o ha tenido el conflicto o la guerra en nuestras vidas ?

Esa reflexión intensamente personal deberíamos escribirla  y compartirla en este momento porque a través de ella se ilustra todo lo que acarrea la decisión del plebiscito de este 2 de octubre próximo.Incluidos los  dolores y miedos menores de los Colombianos. Yo la escribí  apenas supe del cese de hostilidades entre Gobierno y Farc hace unos  cuatro meses.

Aunque este no sea un espacio de reflexión íntimo, en esta ocasión creo que vale la pena exponer las dudas y  vivencias de los miembros de la  sociedad civil común y corriente aquí también. Creo que el voto por el sí o por el no, más que de la  reflexión jurídica o política,  dependerá de lo que la sociedad civil lleva por dentro  y empiece a procesar por fuera de una manera espontanea, civilizada y ojala colectiva.

Así que en el siguiente post voy a tener el coraje de compartir lo que escribí  hace unos meses,una reflexión muy personal sobre este momento que atravesamos.Son varias páginas escritas de un sólo tirón del corazón apenas supe del anuncio de cese de hostilidades con las Farc. Trataba de esclarecer qué era lo que sentía y de lo que me enteré  subiéndome a un avión que me llevaba de Cali a Bogotá.

Tal vez esas reflexiones provoquen recuerdos  a otros y hasta sirvan para  sacar a flote también las emociones subterráneas y ya normalizadas de quienes, estando en la mitad del conflicto, hemos tenido la fortuna de no combatirlo ni padecerlo, pero en todo caso hemos vivido envueltos en el.

Sobre el Rol y las Reglas del Juego de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC)

Ha sido un gran esfuerzo entrar a última hora a hacer parte de  la Semana Internacional de la Sociedad Civil que convoca Civicus y la Confederación Colombiana de ONGs pero vale la pena.

La actual  coyuntura colombiana necesita  pensar el rol humano y ciudadano  de la sociedad civil para empoderarnos y poder sacarnos del conflicto, así como para robustecer en Colombia y el mundo en general el  pensamiento jurídico y con este, el derecho y la ley que protege y recurre a estas formas jurídicas para el desarrollo humano.

Dos eventos convocadas por CIVISOL  y la CCONG y auspiciadas por RRA y otras firmas consultoras y entidades invitarán a grandes lideres a tratar con el público inscrito en esta semana ambos temas.

La invitación y programa de ambos eventos así como las nota conceptual de convocatoria están disponibles en el RRA (think tank)

 

Retomando

He pasado una buena parte de mi vida explorando realidades y pensando para hacer. Me tomó mucho tiempo darme cuenta que las acciones de cambio, argumentación, litigio, campañas de información, estatutos, artículos, conferencias, proyectos, grupos  y organizaciones creadas  no sólo no evidenciaban per se lo que trataba de decir de una forma integrada e integral, sino que tan pronto entraban en la dinámica social de intereses privados, ambiciones personales y proyectos políticos podían ser tergiversadas y  hasta re-significadas por otros.

Entendí sólo recientemente que el pensamiento en que se soportaban mis acciones se percibía desarticulado y mi linea de reflexión y acción parecía desorganizada y atomizada en muchos frentes, así para mí fuera una deliberada, única y consistente linea de pensamiento expresada en acciones diversas.

Gracias a buenos amigos y asesores en este nuevo mundo digital, comprendí entonces que debía integrar en un sólo espacio el pensamiento que subyace a lo que digo y hago, así buena parte de éste  se encuentre ya andando y avanzando en proyectos y organizaciones creadas tiempo atrás.

Así que ahora, en este espacio, voy a articular y presentar a amigos, colegas, conocidos y gente por conocer  el interés central que motiva  mi reflexión y acción desde hace muchos años y que consiste en tratar de comprender y fortalecer  el rol de la sociedad humana y civil en este diverso y avasallador mundo contemporáneo, así como la membrana de derecho que es lo que la protege y hace visible y relevante en sociedad.

Dentro de la sociedad civil que no es sólo ciudadana  – una expresión sólo de miembros constituyentes de un Estado co-ligados por la ley de ese territorio compartido- sino también una sociedad humana, me interesa no sólo el concepto sino los sectores  y grupos de la sociedad humana y civil que resultan in-visibilizados o marginados por la cultura social predominante  y la ley vinculante de un país dado.

En cuanto al derecho -que concibo como una membrana de protección y proyección para cada individuo dentro de una comunidad y respecto de ella,  una suerte de capa  con que se arropa (o atrapa) a la persona y su horizonte de vida- me interesa, naturalmente, lo público en el derecho. Y, en particular, las  reglas del juego emergentes para  un sector también emergente o mejor recién emergido en sociedad y que representa a la sociedad civil organizada de cada país mediante  formas o estructuras jurídicas conocida como sin ánimo de lucro y/o no gubernamentales.